LEFT TO DIE
La muerte nunca sonó tan bailable

Septiembre 12/2026, Teatro Cariola.
Hay noches en que uno va a un concierto a escuchar música, y hay otras en que directamente va a comprobar cuánto puede resistir el cuello antes de pasar factura. El 12 de septiembre, el Teatro Cariola se convirtió en una verdadera sucursal del averno con una jornada cargada de Death Metal, olor a chela, mosh y cabeceos capaces de dejar al más pintado caminando como si hubiera salido de una excavación arqueológica.
Con COFFIN CURSE, HOMICIDE y TORTURER calentando la cripta antes del plato fuerte, todo estaba dispuesto para recibir a LEFT TO DIE, agrupación que reúne a verdaderos protagonistas de la historia del género y que llegó a Santiago con una misión bastante sencilla: desempolvar los clásicos de DEATH y hacer que el respetable terminara la noche con menos audición, más sudor y probablemente algún dolor cervical. Y, como veremos, la misión fue cumplida con bastante éxito.
COFFIN CURSE
Empezando tempranito a abrir las puertas de los ataúdes del Teatro Cariola, en donde algún día llegaremos, COFFIN CURSE comienza su presentación ante una fiel fanaticada de 30 seres que ni comieron para estar hoy en el comienzo de esta vil ceremonia. El ensamble fúnebre, comandado por Max Neira en guitarra y voz, Carlos Fuentes moliendo los parches, junto a Juan Díaz en el bajo y Alejandro Cruz en la segunda guitarra, comenzó así la locura antes de soltar su himno "Perverted by the Unknown", joya extraída de su aclamado disco "Ceased to Be" (2020), que cayó como patada en la nuca para despertar a los caídos.
La banda nacional de Death Black Metal empezó a juntar chiquillos de a poco, rompiéndonos el cuello de paso con la rítmica delicia de "Where Sickness Thrives", ideal para menear las caderas si eres un cadáver en avanzada descomposición. Cuando pensábamos que el aire acondicionado del Cariola nos salvaría, nos sepultaron con "Swallowed by Dyng Hopes" y "Bacchanal of the Immortal", demostrando que profanar tumbas es un trabajo sucio, pero alguien tiene que musicalizarlo.

La cúspide de la finura llegó con los cinco minutos de crudeza de "Grave Offender", un manjar de mosh pit ideal para contraer tétanos, cerrando su gloriosa y mórbida carnicería con la densa y monumental "Heard the Dead" y "Out of the Grave", que nos dejó a todos sintiéndonos como si nos hubieran arrastrado por diez cuadras de tierra húmeda.
COFFIN CURSE dejó más que claro que la música del demonio sigue presente hasta en las nuevas generaciones, que en el piso se vieron sentadas mientras los tatitas y las tatitas movían los cuernitos para vigorizar la tétrica sinfonía. Sonidos estridentes, batería de ultratumba, guitarras afiladas al punto de derramar su gota de sangre y una voz putrefacta y armónica. Buena banda se sacaron para empezar la fiesta desde la mismísima cripta.
HOMICIDE
No sé si empezaron con prueba de sonido o de una a lanzar bombas los nacionales de HOMICIDE. La gente no sabía si esperar o empezar el bailoteo; aun así, con el grito del mismísimo e incombustible vocalista Humberto Sepúlveda, se dio rienda suelta a entender que habían empezado.
Hartas cabelleras moviendo la chasca, otros sin, pero moviendo el esternocleidomastoideo al ritmo del querido y desgarrado Death Metal, al son de las afiladas hachas de Gabriel Pincheira y Aquiles Espinoza, quienes rompieron inmediatamente el hielo con "Pull", desatando instantáneamente el segundo martillazo, "Thousand Cuts", donde se pega el grito ideal para despertar al público que seguía haciendo fila en el baño.

Los integrantes siguen con su ritual llamando a los espíritus del abismo, con el vocalista apareciendo con un traje estilo selknam sobre el escenario y desatando la entrada hacia el averno. Con casi cuatro décadas de historia desde su formación en 1988, HOMICIDE ha paseado su crudeza subterránea repasando piezas fundamentales de su pesado catálogo, demostrando por qué son leyendas vivas del ruido espeso hecho en Chile: "Galley Slave", "Overthrowing", "First Emperor", "Fly My Centinels" y, terminando así, con "Slave Blackest".
TORTURER
Saliendo más a tiempo que curao atrasado a la pega, TORTURER abre la guillotina para hacer rodar cabezas en el Teatro Cariola, a la espera de LEFT TO DIE.
Entre una cortina demoníaca, Francisco "Pancho" Lillo se saca su mejor gutural, secundado por los letales riffs de Francisco Garcés, el pulso atronador de Cris Oros tras los parches y el peso de Francisco Cautín en el bajo, para comenzar con la brutal "Conjuro IV".

Nada que decir: TORTURER se subió al escenario a demostrar que, en sus más de 35 años de trayectoria, no vienen a dejar ni el concho de la chela y se la toman toda. Un sonido característico, demoledor y con una vigencia intacta que viene azotando cráneos desde 1989. "Guerras", "Princess of Darkness", "Arachnophobia", "Evil Confession", "Código de Destrucción", "Torture E.S.", el mítico "Kingdom of the Dark" y "Sepultum" fueron los temas que enseñaron al público a comenzar a sacarse la chucha en el mosh, terminando así su presentación.
LEFT TO DIE
Cinco minutos de atraso, pero sin ser menos, LEFT TO DIE hace aparición en el escenario, desatando la locura colectiva con los acordes inconfundibles de "Legion of Doom". Ver a los míticos Rick Rozz en la guitarra y Terry Butler al bajo escupiendo distorsión histórica, junto al desquiciado Matt Harvey en las voces y guitarra y la metralla implacable de Lee Harrison en la batería, fue un golpe directo al mentón.
Porque reconozcámoslo: pagar una preventa bien salada por una banda de tributo hiper-sofisticada es el estándar de dignidad del metalero actual. Qué delicia ver cómo nos venden exactamente la misma receta de putrefacción que Chuck Schuldiner inmortalizó, ejecutada a la perfección por un ensamble que se niega a dejar morir el negocio del más allá.
La velada continuó con la quirúrgica disección de himnos como "Open Casket", "Scream Bloody Gore" y el mid-tempo machacante de "Leprosy", demostrando que la muerte es, ante todo, un asunto sumamente bailable si se azota el esternocleidomastoideo con el ritmo adecuado.

La madurez o la pérdida irreversible de audición llegó en su máxima expresión con cortes brutales como "Archangel". El respetable, apiñado y sudando copiosamente entre tema y tema, gastó el poco aire que le quedaba en los pulmones cuando cayó la metralla pesada de "Infernal Death" y "Choke on It".
Todo esto sirvió como antesala perfecta para esculpir el piso en sudor con "Death by Metal", para así romper tímpanos con "Left to Die".
Para cerrar la carnicería, el conjunto nos regaló el combo definitivo del panteón: "Zombie Ritual", la icónica "Pull the Plug" y el cierre apocalíptico de "Evil Dead". Un recordatorio solemne y severo de que todos terminaremos bajo tres metros de tierra algún día.
Y así, entre riffs podridos, baterías disparadas a matar, mosh, cerveza y una cantidad preocupante de esternocleidomastoideos trabajando horas extras, se cerró una jornada que tuvo todo lo necesario para cualquier amante del Death Metal. COFFIN CURSE abrió la cripta, HOMICIDE y TORTURER se encargaron de dejar el terreno suficientemente destruido y LEFT TO DIE llegó finalmente a recoger los cadáveres.

Más allá de cualquier discusión sobre etiquetas, tributos o quién debería estar tocando qué canciones, lo cierto es que escuchar estos clásicos ejecutados con semejante nivel de precisión fue una experiencia difícil de ignorar. Los himnos de DEATH siguen teniendo la misma capacidad de hacer mover la cabeza como en los tiempos en que fueron paridos, y esta noche quedó demostrado que la muerte podrá ser eterna, pero también bastante entretenida.
El Teatro Cariola terminó convertido en una mezcla de cementerio, sauna y cantina. Y nosotros, fieles a la tradición, salimos caminando como pudimos, bañados en chela y con el cuello pidiendo misericordia.
Porque algún día todos terminaremos bajo tierra. Pero si es con "Evil Dead" sonando de fondo, que sea nomás.
Por Boris Burgueño R.
Fotos por Fotos Metal. (Galería completa en el siguiente link)
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