INFERNAL THORNS
Diabolical Goat Presence.

Tengo en mi poder una nueva manifestación llena de odio, blasfemias y vehemencia. En esta ocasión los llamados a reventar los parlantes de mi estero son INFERNAL THORNS con su álbum debut titulado “Diabolical Goat Presence”.

Lo ejecutado por estos debutantes oscila entre el Death y el Black Metal, no obstante, el primero es el género predominante en la producción. Ahora bien, hay elementos del Metal Negro que no pasan para nada desapercibidos y se pueden encontrar claras influencias que pasan por GOD DETHRONED, IN AETERNUM y BELPHEGOR.

Un intro más ocho aberraciones conforman esta ofrenda. En ellas se hace gala de los elementos tan característicos de la música proveniente del infierno. Digno de destacar son las performances del vocalista, Andrés Arancibia, quien no sé queda en el típico gutural, sino que busca y explora otras tonalidades que logran que los tracks ganen en intensidad. El trabajo de cuerdas con riffs endemoniados y con un bajo frenético, más los blast, son la comparsa perfecta para estas loas a lo maléfico.

Para ser fiel a una tradición en esta sección, me daré la libertad de recomendar algunos himnos de esta placa:

“The Forgotten Reign of Shadows”, se encumbra como uno de los buenos tracks a punta de riffs y vociferaciones que son verdaderos escupitajos en el rostro del bastardo. En lo musical recuerda mucho a lo expuesto en el disco “Ravenous” (GOD DETHRONED).

Por otro lado, “Diabolical Presence”, es un corte de Death/Black Metal lleno de vertiginosidad atiborrado de riffs. No obstante, existe un interludio que te invita al “¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!”.

Finalmente, “The Cross Falls with God” es la que reúne todas las características de la propuesta de INFERNAL THORNS: Una composición musical que tiene cambios de velocidad y matices vocales; un arma letal para la destrucción del cristianismo.

En resumen, “Diabolical Goat Presence” es un trabajo muy bien ejecutado. De cierta forma una apuesta arriesgada, ya que los pasos naturales son sacar un demo primero. Sin embargo, el resultado final justifica plenamente la decisión de la agrupación.

Otra cosa a resaltar es la presentación del producto final. Si bien fue lanzado de manera independiente, al “lookear” el arte del mismo, se percibe una preocupación por cada detalle y un profesionalismo a toda prueba. En cuanto al sonido, no tiene nada que envidiar producciones extranjeras y eso habla de que cuando realizaron el trabajo de postproducción la tenían más que clara.

Esperemos que la música de esta banda oriunda de Valparaíso se abra paso en la escena nacional y que luego la peste sea esparcida por todo el orbe. La bandera negra del metal flamea en lo más alto una vez más.

Por Gustavo Maldonado G.

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